Es una situación muy habitual: el proceso de curación termina, te dan el alta médica, pero las secuelas se quedan. Puede ser una movilidad limitada en un brazo o una pierna, dolor crónico, pérdida de fuerza, o una limitación sensorial. Mucha gente vuelve a trabajar así, dando por hecho que "ya no hay nada que hacer" — y no es verdad.
Señales de que podrías tener derecho a una incapacidad permanente
- Te cuesta o te resulta imposible hacer las mismas tareas que hacías antes del accidente.
- Tienes limitaciones de movilidad, fuerza o sensibilidad en la zona afectada.
- Necesitas medicación o rehabilitación continuada para mantener tu nivel funcional.
- Tu médico te ha comentado que las secuelas son "estables" o que no van a mejorar más.
- Has tenido que cambiar de tareas dentro de tu empresa por no poder hacer las de siempre.
Si te sientes identificado con alguno de estos puntos, merece la pena que alguien revise tu caso, aunque ya hayas recibido el alta médica hace tiempo.
Los grados de incapacidad permanente, en resumen
Dependiendo de cuánto te limitan las secuelas, puede corresponderte una incapacidad parcial, total, absoluta o gran invalidez, cada una con una compensación económica distinta. Te lo explicamos con detalle en esta página.
Así te lo resolvemos nosotros
Revisamos tu historial médico completo y cómo las secuelas afectan realmente a tu día a día y a tu capacidad de trabajo. Si consideramos que hay base para reclamar, te acompañamos en todo el proceso: solicitud o recurso ante el INSS, coordinación de los informes médicos y periciales necesarios, y representación ante el Juzgado de lo Social si la resolución inicial no es la que corresponde. Además, valoramos en paralelo si tienes derecho a indemnizaciones adicionales por responsabilidad de la empresa.
¿Te han quedado secuelas tras un accidente laboral?
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